PREGUNTAS FRECUENTES

Es una forma de vivir donde se ha ido instalando una relación de dependencia, donde las personas que se vinculan regularmente con sustancias psicoactivas o que tienen conductas con potenciales de riesgo, pierdan la capacidad de controlarla, no pudiendo parar la regularidad de su uso (incapacidad para abstenerse) o no pudiendo parar cuando han comenzado (incapacidad para detenerse). Habitualmente cuando se instala una
dependencia o adicción, las personas han ido desarrollando tolerancia (tienen que aumentar la dosis o frecuencia para lograr el mismo efecto); presentan abstinencia (el cuerpo y/o la mente requieren volver a consumir la sustancia o repetir la conducta cuando lo dejan de hacer o disminuyen su frecuencia); hay craving (apetencias) y pensamientos de consumo regularmente y, han ido apareciendo consecuencias bio psico sociales por el consumo o la conducta adictiva.

Hay adicciones a sustancias químicas (alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, etc.) y adicciones del comportamiento, que son conductas que cumplen los mismos criterios neurobiológicos, psicosociales y comportamentales que las adicciones químicas. Entre las adicciones del comportamiento y otras relaciones riesgosas, encontramos a la ludopatía (adicción al juego), la adicción a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la adicción a las compras y al sexo, y las relaciones adictivas interpersonales, entre otras.

Es el conjunto de síntomas físicos y psíquicos que experimenta una persona cuando interrumpe, el consumo de aquellas sustancias o la realización de aquella actividad a la que es adicto. Los síntomas que pueden aparecer son: ansiedad, nerviosismo, irritabilidad, sudoración, taquicardia, molestias psicosomáticas, nauseas, alteraciones del sueño y ‘craving’ o el deseo imperioso de consumir la droga o realizar la actividad que se ha suspendido (ej: juegos de azar).

La internación u hospitalización no es un requisito para el tratamiento de adicciones. La evidencia clínica y científica muestra que en una amplia proporción de casos los pacientes alcanzan sus objetivos terapéuticos completando ambulatoriamente sus procesos de tratamiento. La internación debe ser entendida como una alternativa de contención a la que se recurre solo cuando otras alternativas ambulatorias han fracasado. En este sentido, la hospitalización no debe concebirse como la puerta de entrada de un tratamiento.

En el caso de que la persona se niegue a comenzar un tratamiento y no esté dispuesta a asistir a atención psiquiátrica o psicológica, se recomienda a familiares y/o personas cercanas que formen parte de su red apoyo, recibir orientación e información de los profesionales de nuestro equipo para entender en mayor detalle la adicción, los efectos y riesgos de la sustancia o comportamiento adictivo y conocer herramientas para enfrentar la situación. Esta es una instancia muy valiosa que permite resolver dudas y analizar expectativas como también conocer estrategias de manejo cuando la persona niega el problema o excusa su conducta. Este tipo de espacios también permiten detectar si alguno de los integrantes de la red de apoyo necesitara atención más específica e individualizada, entendiendo el contexto de presión y frustración que puede generar a terceros un cuadro adictivo.

Eradicciones ofrece un plan de tratamiento que se adecua a las necesidades e individualidades de cada persona sin imponer una estructura determinada. Entendemos que ningún proceso es igual a otro por lo que tanto los objetivos como la duración aproximada se define al momento de la elaboración de un plan de tratamiento individualizado que se realiza en conjunto con el consultante.

Aunque no es obligatoria la participación de la familia, es altamente recomendable que los familiares se sumen al proceso terapéutico. Dependiendo del diagnóstico inicial, es habitual que los familiares sean invitados a participar del tratamiento, ya sea como una forma de enfrentar las tensiones y dolores que genera en ellos la presencia de un miembro de la familia con problemas de adicción o bien para intervenir en aquellas dinámicas familiares, menos evidentes para los participantes, en las que se insertan las conductas adictivas. La evidencia científica es contundente al mostrar mejores resultados terapéuticos en aquellos programas que integran la participación de la familia.

No se utiliza en todos los casos, aunque frecuentemente se usa para apoyar el proceso terapéutico. La terapia farmacológica se utiliza habitualmente para el tratamiento del síndrome de abstinencia agudo y tardío, para disminuir el craving o deseo, para generar un efecto aversivo y apoyar la deshabituación, o para tratar la coexistencia de otra patología psiquiátrica (patología dual). Además se puede utilizar transitoriamente con un fin puramente sintomático, es decir para disminuir los síntomas y molestias propias del distanciamiento de la vida adictiva.

Sí, esto es lo que se conoce como comorbilidad, es decir, la presencia de dos o más enfermedades en una misma persona. Estos trastornos pueden ocurrir al mismo tiempo o uno después del otro, y también implica que hay una interacción entre las dos enfermedades que puede empeorar la evolución de ambas. Muchas de las personas adictas a las drogas también reciben el diagnóstico de otros trastornos mentales y viceversa. Por ejemplo, en comparación con la población en general, las personas con una adicción tienen el doble de probabilidad de sufrir trastornos en sus estados de ánimo o niveles de ansiedad, lo cual también puede suceder a la inversa. La alta tasa de comorbilidad entre los trastornos por consumo de drogas y otras enfermedades mentales requiere de un enfoque integral que identifique, evalúe y trate a ambos trastornos.

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